Entre los muchos atractivos del pueblo de Nigüelas, en las cercanías al mismo se encuentra el Sendero Acequia de la Pavilla. El pueblo del Valle de Lecrín todavía conserva el característico entramado de las alquerías rurales musulmanas, con calles estrechas y zigzagueantes, y algunos callejones sin salida, conocidos como “adarves”, en los que la vida familiar estaba al resguardo de los curiosos vecinos.

La situación geográfica de Nigüelas, a las faldas de Sierra nevada, hace que posea una gran riqueza hídrica, y entre los recursos de recogida y distribución de agua más interesantes que heredamos de los árabes se encuentran las acequias, repartidas por todo el territorio nacional.
En esta ocasión hablaremos de la Acequia de la Pavilla, cuyo nombre es reciente y hace alusión a las parejas que, a principios del siglo XX, acudían allí a “pelar la pava”, expresión que se refiere al tonteo, carantoñas y besuqueos varios que se daban mutuamente los enamorados; esto es, hoy día, “darse el lote”, hablando en un lenguaje más actual. Así lo hacían aprovechando las sombras que proyectaban abedules y otros árboles asentados en la linde de la acequia.

Aparte de curiosidades como la citada, la acequia se nutre del agua del deshielo de Sierra Nevada. Está suspendida en el vacío, en tierras del Reino de Granada donde los nazaríes cultivaban sus huertas. La acequia recoge el agua para llevarla hacia los aljibes de Nigüelas, Dúrcal, Acequias y Mondújar. Al sureste de Nigüelas baja el río Torrente desde la sierra entre cañones y cortados. En el paraje conocido como el pago de los Cahorros, una obra maestra de ingeniería hidráulica que se mantiene casi igual que cuando fue construida, hace más de cinco siglos, se produce la distribución entre dos canales, uno que va hacia Nigüelas y otro hacia Acequias, en dirección sur. Aquí se inicia la acequia de la Pavilla, que supone la frontera entre la gran depresión de Dúrcal y Padul en el centro del Valle de Lecrín y los diversos caminos que suben a la Alpujarra.

El camino es algo inclinado, pero sin mucho desnivel, dando la sensación de ser prácticamente llano. La acequia está construida a modo de terraza, vadeando el perfil de un gran tajo que en algunos puntos llega a tener más de 20 metros de caída. El recorrido total es de solo kilómetro y medio desde el distribuidor hasta su aljibe en el pueblo. Si se hace circular hablamos de tres kilómetros. Buscaremos la bajada hacia el río Torrente, y tras descender por una calle en la que se encuentran algunos de los ancestrales molinos de la localidad, veremos las aguas del río. Hay un puente de hormigón que permite el paso de vehículos. A la izquierda comienza un carril que asciende hacia la sierra. Caminando por la margen derecha llegaremos a un grupo de grandes cortijos de curiosas formas. Justo ahí parte, al otro lado del cauce, el camino de la Pavilla. Aquí comienza este sendero apto para todos los públicos, también para pelar la pava, si lo deseas, pues el camino tiene un variopinto número de curvas y requiebros que invitan a darse muestras de amor alejado de la mirada de los curiosos.

Cruzaremos el río saltando sobre las piedras. Nos encontramos en el pago de los Cahorros, que abre el sendero y de inmediato comienza a bordear el tajo que cae hasta el núcleo del pueblo. Es una ruta viable para hacer incluso en verano, ya que la humedad que produce el agua mitiga el efecto de las altas temperaturas.

El camino es llano y descendente, pero la acequia queda a modo de terraza en el lateral de un gran cortado, tajo que recorremos a la vez que se mantiene la altura. Esto es posible gracias a una pasarela que, a modo de gigantesco balcón, transcurre perpendicular al cortado.
Por dicha pasarela, aún estando en buenas condiciones, se debe caminar con precaución, y en algunos puntos ayudarse con cables de acero a modo de pasamanos. Pasaremos más adelante por una rejilla metálica bajo la cual vemos el discurrir del agua. En menos de media hora veremos las primeras casas de Nigüelas. Finalmente la acequia desemboca en el aljibe que se encuentra en el centro del pueblo.

Durante este recorrido de una media hora, y debido a la gran humedad del terreno, están presentes especies típicas de ribera, como las retamas, las mimbres, y la vegetación rupícola adaptada a rocas áridas de tallos cortos y flores llamativas que atraen a diversos insectos, que ayudan a la polinización. Entre ellas encontramos la orquídea ibérica, que aprovecha la humedad del terreno. En todo el recorrido veremos cantidad de jilgueros, y otras aves más representativas como el águila perdiera, los cernícalos y los pinzones reales.
La verdad es que merece la pena disfrutar de un recorrido junto al curso del agua y adentrarse en el desfiladero por el que discurre la acequia que, como hemos comentado, desde hace unos años dispone de una estructura de pasarelas que otorgan al sendero un atractivo y misterioso encanto. Desde Itinerarius.com te recomendamos las actividades que ofertamos de senderismo y si tienes la oportunidad no dudes en llevar a cabo esta curiosa y húmeda ruta, cerca del río a lo largo del trayecto.

Fuente: waste.ideal.es