Hay una práctica deportiva apasionante y a la vez bastante desconocida para el público mayoritario. Hablo en esta ocasión de la escalada. Hay muchos tipos diferentes en base a distintas clasificaciones. A mí me gusta aquella que alude a la filosofía o ética en su práctica, en la cual podemos diferenciar la escalada libre, clásica (o tradicional), deportiva, artificial, en solitario o solo integral. Otra clasificación alude a los diferentes estilos que se pueden practicar dependiendo de que sea en interior, es decir, la parte interior de la roca o pared (rocódromo con cuerda, Boulder) o exterior, donde clasificamos según la técnica y el entorno donde se desarrolla (en roca, alpina, en hielo, grandes paredes, psicobloc, urbana y de adherencia).

No me voy a extender explicando cada disciplina, que se puede ver en detalle en multitud de artículos en la web o en bibliografía especializada. Más bien, como suelo hacer en la mayoría de mis artículos, me ceñiré a contar un poco sobre mi breve relación con este deporte. Para ser exactos, solo lo he practicado una vez en mi vida, y lo engrosaría dentro de la escalada clásica, que a su vez está dentro de la libre. Hay diferentes niveles para medir la dificultad de la pared en cuestión que se quiere subir. En España se hace una mezcla de la graduación UIAA (para los de dificultad inferior, con números romanos del I hasta el V+) y la francesa (para los niveles superiores de dificultad, a partir del 6, e incluyendo, para ser más exactos, las letra a, b y c y los signos + y -).

Yo tuve, por llamarlo de alguna manera, mi bautismo de escalada, en el pirineo oscense, hace ya unos cuantos años, y superé una pared de no más de tres o cuatro metros de altura con un grado V, es decir, un nivel medio-bajo de dificultad. Se necesita algo de material específico para la escalada tradicional. En mi caso, aparte de ropa cómoda y elástica, tipo chándal o pantalón deportivo, llevaba también casco, arnés y la cuerda a través del mosquetón. Obviamente, imprescindibles son los pies de gato, un calzado específico para escalar ya que su suela es de un material que agarra muy bien en la pared, siempre que esté seca. Puedes usar también un poco de manganeso en las palmas de las manos y dedos, para que el agarre sea más efectivo aún cuando avances con las extremidades superiores agarrando la roca. No creo que ascendiera más de dos o tres metros de altura, pero os aseguro que se me hicieron eternos. Los muslos me temblaban de forma incontrolable al tener que aguantar en una determinada postura un tiempo para realizar el siguiente movimiento hacia el siguiente punto de agarre. En este deporte es fundamental la fuerza en las piernas, si cabe mucho más que en los brazos. Si tratas de avanzar soportando tu propio peso con los brazos acabarás reventado y probablemente con alguna lesión del tipo de una fisura o desgarro muscular. Por eso mismo es un deporte en el que la técnica es fundamental para poder llevarlo a cabo con éxito.

Veamos brevemente un poco de historia al respecto de este deporte individual donde la mente es tan importante como el propio estado físico. En origen, la escalada aparece como una actividad derivada del montañismo. Entonces se consideraba solo como un medio de entrenamiento para los recorridos de montaña. Fue en el siglo XIX cuando la actividad nació en Alemania del Este (Dresde) y en Inglaterra (el distrito de los Lagos).

A lo largo de un siglo, el material evolucionó al ritmo de las actuaciones de los escaladores y a la inversa. La existencia de rocódromos a partir de los años 1960 dio un auténtico empuje a la evolución de la disciplina.

La escalada se considera, a menudo, como un deporte de riesgo, aunque conviene distinguir diferentes prácticas. Habitualmente, se practica con un equipo que permite evolucionar con seguridad, pero existe una práctica más extrema llamada «solo integral», donde el escalador evoluciona sin ninguna seguridad. Uno de los exponentes más conocidos es Patrick Edlinger, que aparece realizando estos espectaculares ascensos en películas del director Jean-Paul Janssen “La vida en la punta de los dedos” y “Ópera vertical”.

Hoy día, por el daño que sufre el medio natural, la escalada de competición se realiza en rocódromos fabricados con resinas especiales, con puntos de apoyo para pies y manos que buscan la máxima dificultad, valorando la velocidad de ascensión en una especie de “batallas” entre dos escaladores. La verdad es que tras aquel fin de semana en el que tuve la oportunidad de sentir lo que supone escalar, estuve un tiempo buscando vídeos en la red sobre escaladores, especialmente campeonatos del mundo. Es realmente espectacular de ver, algo que piensas que no es posible, pero el ser humano tiene una capacidad de superación fuera de lo común. En España hay muy buenos escaladores, pero son nuestros vecinos los franceses los que probablemente acumulan mayor número de escaladores punteros a nivel mundial, con una gran tradición desde hace décadas en el plano deportivo de competición.

Por último, destacaré la escalada en bloque, ya que varios amigos míos son habituales practicantes de dicho estilo. Se hace recorriendo paredes sin la ayuda de cuerda, ya sea vertical o lateralmente, y la idea es tener la capacidad de estudiar perfectamente la pared a recorrer y los movimientos que se van a hacer. Es un trabajo que requiere de mucha práctica, pues en caso de no hacerlo así probablemente no superes por completo la pared que quieres “conquistar”. Aquí no es tan imprescindible el casco, especialmente si los movimientos son laterales y no verticales, pero sí el manganeso en las manos y los pies de gato. Requiere de una técnica de movimientos muy amplia, y a mí, aunque nada tengan que ver, me recuerda a veces disciplinas orientales como el taichí o el mismo yoga, ya que los movimientos son muy estudiados y perfectamente ejecutados en dichas disciplinas.

Desde Itinerarius.com tenemos actividades relacionadas con el mundo de la escalada en Madrid, tales como el “Bautismo de escalada” para gente que se quiera iniciar en la práctica de este deporte, o las Escaladas guiadas en Los Galayos y en el Pico de la Miel, para gente con un nivel un poco más avanzado. En todas ellas irás acompañado de un guía profesional de escalada que estará atento a cómo te desenvuelves sobre la roca. Vive tu experiencia aquí.

Fuentes: Wikipedia, fedme.es