¿Qué se necesita para ser un buen viajero? ¿Y para disfrutar de un buen paseo en medio de la naturaleza? Pues no mucho más que dos buenas piernas y voluntad de pasar un buen rato.

Son muchos los turistas que cada año visitan nuestro país; este, por la situación, muchos menos. Pero la mayor parte de ellos vienen con “paquetes” turísticos ya montados, con alojamiento y actividades reservadas por adelantado, y así, generalmente, no das mucho pie a ver algo que te sorprenda. El que va a Barcelona verá la Sagrada Familia, paseará por las Ramblas y se asombrará con las esculturas que concibió Gaudí del Park Güell. Un poco de playa y cerveza fresquita, y tenemos un estupendo cóctel para los que visiten la capital catalana. Algo parecido pasará en Madrid, solo que, como dice la canción, “aquí no hay playa”. Y si nos vamos a las Baleares o a la Costa del Sol ya nos están sobrando incluso los aspectos culturales: con la terraza y la jarra de cerveza bien fría, y buena comida, vamos bien servidos. Y ojo, nada que objetar, más que respetable que ese sea el modelo mayoritario del turista que visita nuestras latitudes, especialmente los de edad mediana y los ya jubilados.

Pero sin duda hay otra España, muy hermosa y mucho más desconocida, que se suele salir del típico circuito turístico, y que además, en muchos casos, no queda lejos de las grandes urbes. Es el caso de la llamada “Ruta de las Caras”, en Buendía, provincia de Cuenca. No queda muy lejos de Madrid, aproximadamente a algo menos de dos horas por carretera por la A3 (o cogiendo A2 y la N-320). La ruta es bien corta, de unos dos kilómetros, y por ello está perfectamente indicada para hacerla en familia y que los más pequeños también puedan disfrutar de un día en la naturaleza. No se necesita más de media hora para hacerla andando a un ritmo normal, pero el encanto reside, amén del sitio en sí, en las caras esculpidas a lo largo del camino por los artistas Jorge Maldonado y Eulogio Reguillo, proyecto que se inició en el año 1992. Esto es posible por el tipo de tierra que abunda en la zona, muy maleable y por ello perfecta para poder realizar estas esculturas, con muy diferentes tamaños, desde los 70 centímetros hasta alguna de más de 4 metros de altura.

Así pues, a lo largo de unos dos kilómetros, nos encontramos con un paseo que aglutina naturaleza y arte, para que puedan disfrutar por igual “grandes y pequeños”. Entre las esculturas nos encontramos con Maitreya, figura fundamental para el budismo después de Buda, la Espiral de la Bruja, la Muerte, el Chamán y otras tantas esculturas, hasta un total de 18, realizadas tanto sobre tierra como en troncos secos de árboles ya sin vida.

Al terminar la vereda viene la última sorpresa de este encantador paseo, un pantano de aguas azul turquesa, de temperatura bastante fría pero, estando en verano, perfecta para remojar al menos los pies y disfrutar del final de una ruta ideal para hacerla con amigos, en familia, para llevar a niños y a mayores por lo poco exigente del terreno, y acompañarte de tus mascotas, que lo pasarán también en grande.

Lo más normal y cercano para hacer una caminata silvestre en Madrid es ir a la Sierra de Guadarrama, pero teniendo un vehículo, las posibilidades de  ver sitios curiosos y no muy lejanos desde la capital son inmensas. Desde Itinerarius.com te recomendamos esta hermosa y corta ruta y te animamos a descubrir otros sitios poco conocidos de la geografía nacional, tratando de respetar las medidas de higiene y distancia que ahora más que nunca son tan necesarias para poder disfrutar de este tipo de actividades en la naturaleza con seguridad y total confianza. España es un país con lugares en la naturaleza maravillosos y poco conocidos, y si hay tiempo merece la pena tratar de descubrirlos.

Fuente: pieypata.com