Poco de bueno se puede sacar de la situación que nos ha tocado vivir, pero hay aspectos que, curiosamente, han mejorado. Uno de ellos es la alimentación familiar. Parece ser que, al inicio del confinamiento, allá por marzo, se disparó la venta de productos como la harina, fruta fresca, las legumbres, la cerveza y el vino.  Harina y levadura para repostería crecieron a niveles desconocidos, cercanos al doble de lo que normalmente se consumía antes de decretar el estado de alarma.

Queda claro, pues, que el gasto en víveres creció y bastante en las primeras semanas de la pandemia. Ahora la situación empieza a estabilizarse y se empieza a reducir el consumo de algunos grupos de alimentos a niveles más normales. Pero la cesta de la compra, definitivamente, ha cambiado. La gente sale menos a comer en bares y restaurantes, en gran parte un efecto provocado por los continuos rebrotes de este verano, con lo cual se acaba comiendo más en casa y menos fuera. Hablamos de que la compra de gran consumo en los hogares es un 15% superior a los meses previos al coronavirus, una cifra importante. Destaca el aumento del consumo de carne roja, que llevaba años con tendencia a la baja. Bombones y chocolatinas, que tuvieron su apogeo de venta a mitad del estado de alarma, ahora decaen, y sin embargo crecen los aperitivos y platos para compartir. Especialmente los platos elaborados, como guisos, y la comida exótica, afianzan su crecimiento. Y también es digno de señalar que los platos ya preparados van cayendo en su consumo tras meses en alza.

Como canales principales de venta, vemos que el mayoritario son los supermercados, prácticamente con la mitad de la cuota de compra de alimentos de los hogares españoles. Le sigue la tienda tradicional, que no para de crecer, y por último las tiendas de descuento y los hipermercados, con algo menos de cuota de mercado. Obviamente el consumo online, si ya de por sí estaba en crecimiento constante, ahora lo hace a niveles aún superiores, si bien con respecto a la alimentación no es tan típico comprar vía internet como en otros países.

Pero si he de destacar un dato interesante y ciertamente esperanzador es que los consumidores, tras el confinamiento, buscan productos locales o de proximidad, lo que provoca que los supermercados regionales se vean reforzados y obligue a las grandes cadenas a incluir en su línea de productos aquellos de origen más local y cercano. Esto es muy importante, ya que contribuye directamente a la sostenibilidad del medio ambiente, y también incide sobre el precio de los productos. No se trata meramente de la calidad en sí del producto, que además seguramente sea mejor la del local al no tener que aguantar tanto tiempo en cámaras frigoríficas con viajes en los que, por cortos que sean, pierden calidad y propiedades dichos alimentos. Aquí hablamos de un apoyo a lo local, en beneficio de nuestra economía, nuestro trabajo, y de algún modo incluso ayudando también a los de fuera, pues al no comprar sus productos no pagamos un dinero por aquello que se obtiene explotando a gente que trabaja de sol a sol y gana una miseria en comparación al precio final al que se vende su producto. Hablamos de un comercio y unas relaciones más justas y equitativas. Por esto precisamente hay que apoyar el comercio local, y obtener los productos frescos lo más cercanos posibles y con el mínimo de intermediarios. Si pudiera ser directamente a la cooperativa, al agricultor, aún mejor, pero al menos, si no es así, que lo que se lleven los que trabajan para que tengamos comida de calidad sea algo justo y bien retribuido en relación al tiempo y gastos que le dedican. Por tanto, la tendencia es de una cesta más amplia y más local respecto de la alimentación y bebida, y esto es algo muy positivo que debemos tratar de mantener en adelante, más allá de los efectos provocados por la pandemia.

Desde Itinerarius.com animamos a la gente a alimentarse bien, con tranquilidad junto a los fogones (o placas de inducción más bien), disfrutando de una buena comida elaborada con alimentos locales y sin las prisas por el ritmo de trabajo a que nos vemos sometidos y que no provoca más que estrés e indiferencia ante lo que comemos, cuando debería de ser una experiencia agradable y que aporte alegría, no un mero paréntesis para cargar pilas y seguir trabajando. Por ello os animamos a actividades tales como las que ofrecemos  desde la web, relacionadas con talleres de huerta ecológica, visitas a vaquerías y granjas, o conocer el poniente granadino donde se crían frutas tropicales tan buenas como las del trópico y a un precio más asequible. Pues ya se sabe, “somos lo que comemos”, y con el paso del tiempo entenderéis este concepto. Tiempo de barbacoas, paellas y guisos en torno a la familia y los amigos, ¿qué mejor forma de pasar el tiempo?.

Fuente: La Vanguardia, sección Economía.