Puedo contar unas cuantas anécdotas relacionadas con el mundillo del senderismo. No es algo en lo que me iniciara realmente joven. Reconozco que mis primeros años en la facultad los “invertí” más en rutas por bares y garitos de bailoteo. No entraré en detalles pues este artículo podría leerlo gente que tiene un buen y alto concepto de mí. Dejémoslos así pues, y todos tan contentos.

Podría señalar que mis primeros pasos en tal actividad, la de senderismo, los hice en el Camino de Santiago. Sí, cierto, quizás apunté demasiado alto para empezar a “andurrear”, como llamamos por aquí en el sur al hecho de caminar largo y tendido. Además de la baja forma física que me acompañaba por aquel entonces, no iba precisamente bien preparado para hacer etapas diarias de una media de veinte kilómetros con una carga cercana a los diez kilos sobre las espaldas. Mal calzado, mala mochila, y sin chubasquero en el norte en plena Semana Santa: fracaso garantizado. La verdad es que nos cayeron unas cuantas trombas de agua y ahí echábamos mano del autobús para movernos a otra zona donde no lloviera tanto, mientras por las ventanas del vehículo observábamos a un buen número de peregrinos con su chubasquero, su bastón y pasándolas canutas, como correspondería a quien va a hacer esta ruta milenaria y bien conocida a nivel mundial. Pero bueno, de los errores se aprende y, si bien en aquella ocasión tenía más en mente el final de las etapas para descansar y tomarme unos cuantos chatos de vino, bien rico y barato, ciertamente me picó el gusanillo que alberga todo buen senderista en su interior.

No me alargaré mucho en el aspecto del equipamiento porque, primero, no es mi cometido, y segundo, tampoco soy un entendido en el tema. Pero os aconsejo básicamente que llevéis un buen calzado, de trekking, que es algo así como un zapato intermedio entre la bota y la zapatilla deportiva de toda la vida. Sujeta bien el pie y no es tan pesada como la bota, que cubre demasiado el tobillo al ser alta y es más válida para terrenos más escarpados y pedregosos, vaya, lo que ya sería monte. Fundamental también son unos buenos calcetines para evitar rozaduras. No lo dudéis, en este caso lo barato sale caro, así que sacar la billetera y compraros un buen producto para no pasarlo realmente mal durante la caminata. Y obviamente una mochila que sea ligera, con cantidad de compartimentos y, sobre todo, que se ajuste bien a la espalda y cintura. Las hay de diferente capacidad, que se mide por cierto en litros. Yo recomiendo también el bastón telescópico, pues si bien la función es la misma que la de una buena vara o bastón de madera, el peso es muy inferior, y se puede jugar con el tamaño del mismo para adaptarlo a tu altura, aparte de tener un mango ergonómico. Y luego hay accesorios para todos los gustos: fungicidas para evitar la aparición de hongos en los zapatos, gafas de sol, gorra o sombrero, crema solar, ropa técnica para verano e invierno… en fin, al meterte poco a poco descubres que es un mundo inmenso, con ciertos enseres realmente necesarios y otros que van bien pero no son tan obligatorios para disfrutar de la práctica del caminar.

En la provincia de Granada hay sitios realmente espectaculares para pasear. Hablamos de un lugar que posee desde alta montaña a costa tropical, con muchos puntos intermedios entre ambas localizaciones. Yo, si tuviera que decantarme por alguna zona en especial, seguramente escogería la Alpujarra. Aparte de los preciosos pueblos que la forman, hay un sendero oficial que las recorre de punta a punta, empezando en Órgiva y acabando ya en Almería, en el pueblo de Fiñana. Es el llamado GR-142, un sendero bastante bien señalizado, aunque con algunas carencias especialmente cuando llueve pues muchos caminos, literalmente, se vienen abajo por corrimientos de tierras. En esos casos con un poco de sentido de la orientación debemos volver al camino inicial en cuanto lo perdemos, a veces cogiendo por mitad de algún que otro cerro o campo de olivos.

La Alpujarra tiene, como todo, sus pros y sus contras. Hay zonas especialmente turísticas, pero también muchos pueblos pequeños que se salen de lo típico, donde solo verás lugareños y calles estrechas, con los típicos tejados planos que se asemejan casi a terrazas sin vallar, y las chimeneas propias de esta zona que discurre entre las provincias de Granada y Almería.

La zona de la Tahá es las más conocida en Granada, la más turística, con pueblos como Capileira, Pampaneira (siempre catalogado entre los pueblos más bonitos de España) o Pitres. Pero yo me adentraría algo más y me plantaría en Busquistar y Pórtugos, y tendría en cuenta pueblos como Trevélez (de aquí son los famosos jamones con denominación de origen), Bérchules o Juviles, y por supuesto Nieles y Cástaras, los cuales tienen entre ellos cierto pique desde antaño, o eso percibí en una de las salidas de caminata que hice con dos colegas buenos andadores, donde la dueña de un bar de Nieles nos habló de forma un tanto despectiva de la gente de Cástaras, comentando que ambos eran parecidos pero no eran iguales. Total, bromas aparte, en las alpujarras hay unos vinillos del terreno muy ricos (léase vinos de la contraviesa) y se come el plato alpujarreño, bien potente con papas a lo pobre, chorizo, morcilla, huevo frito e incluso alguna chuleta de cerdo. Vaya, lo ideal para una buena caminata con renovadas fuerzas entre pueblo y pueblo. A mí particularmente lo que más me gusta es que allí realizas realmente senderismo, es decir, vas de un pueblo a otro por senderos, dentro de pequeños bosquecillos y fincas, que a veces se ponen bastante pendientes, pero nada que ver con el montañismo, donde los desniveles son muy superiores.

En itinerarius.com ofrecemos en Granada un montón de actividades relacionadas con la práctica de tan saludable y entretenida actividad, y te invitamos a ver la que más y mejor se adapte a ti y los tuyos, donde igual vas hablando tranquilamente con los colegas o gente que conoces en el trayecto, de paseo, o te lo tomas más en serio e impones un ritmo más fuerte. Ideal para entrar en contacto con la naturaleza. Eso sí, precisamente la zona de las alpujarras no es muy recomendable en verano para andar, por las altas temperaturas. Recomiendo algo más cercano a ríos, donde nos acompañe la sombra y podamos siquiera remojar los pies de vez en cuando.

Autor: Felipe Vílchez